Las “chagras” indígenas del sur de Colombia:Un espacio para la soberanía alimentaria

Historias de jóvenes indígenas promoviendo el acceso a una alimentación buena, limpia y justa para todas y todos.

La sabiduría y técnicas ancestrales de los pueblos indígenas son invaluables; llevan consigo cultura, historia y tradición capaces de proteger la biodiversidad y el futuro del planeta. La comunidad internacional lo está reconociendo cada vez más, y muchos jóvenes indígenas se van convirtiendo en voceros de un nuevo paradigma que desea defender estos saberes a través de la socialización del manejo ancestral de los sistemas alimentarios.

Alrededor de estos temas, están naciendo en el sur de Colombia nuevas Comunidades Slow Food. Hoy presentamos la historia de Julián Andrés Mojomboy, un joven indígena Inga-Kamentsa, residente en el Valle Sibundoy, al noreste del Departamento de Putumayo, quien es portavoz de la Comunidad Slow Food Chagras Ancestrales Inga-Kamentsa y participante activo de la red Slow Food de Pueblos Indígenas. Julián y su Comunidad, están trabajando para restablecer, rescatar y promover las chagras tradicionales de la región. 

¿Y qué es Chagra?

  Jajañ, es la palabra Kamentsa que define el espacio productivo y comunitario del que se obtienen los alimentos, “la Chagra”. El jajañ tiene un significado profundo, siendo el lugar en el que la familia y la comunidad se relaciona con la naturaleza, donde se comparten las historias ancestrales, la medicina y se mantiene viva la lengua. Nos cuenta Julián que en ese lugar hay una relación con cada planta que da de comer, allí es donde se expresa el amor por la tierra.​​


La participación de Julián en 2020, en el evento Indigenous Terra Madre “Pueblos Indígenas de América”, ha sido un paso importante para su vida y tomar conciencia de la importancia de la sabiduría de su pueblo, que puede ayudar a cambiar la manera en la otras personas ven a la alimentación. Uno de los objetivos que se dió Julián luego del evento es sensibilizar a más comunidades respecto a la defensa de su patrimonio alimentario y soberanía alimentaria y promover los derechos de los pueblos indígenas. De hecho, Julián ha comenzado a compartir sus experiencias con otros Resguardos Indígenas. 

Envases biodegradables: Una mezcla de innovación y tradición

Estos jóvenes indígenas son portadores de innovación, combinada con tradición. Julián y otros socios han creado un prototipo para fabricar platos y envases biodegradables a partir de hojas de plátano y achira, para reducir el impacto medioambiental del uso del plástico y la espuma de poliestireno.

Su propuesta, dice, es la solución a muchos problemas: una nueva opción contra el uso masivo de plástico desechable, la mejora de la calidad del medioambiente de las comunidades vecinas y la creación de puestos de trabajos para jóvenes emprendedores y para las agriculturas (las mamitas) de la región, que apoyan el proyecto. No obstante esté en fase de prototipo, ya han firmado acuerdos con dos universidades que están brindando apoyo técnico. 

Julian nos cuenta su historia y nos invita a no bajar los brazos:

«Nací y crecí en el territorio indígena Inga, San Andrés, Putumayo, rodeado de naturaleza y mucha diversidad cultural, en medio de nuestros abuelos que conocían la comunidad y nos transmitían sus conocimientos ancestrales cada día. Agradezco a mi padre y a mi madre que me enseñaron a trabajar la chagra. Cuando era adolescente pensaba en otras cosas y también andaba por el camino equivocado, creo que este es uno de los problemas que tenemos que afrontar, los jóvenes de hoy pensamos en aprender otras cosas externas y nos olvidamos de nuestras raíces, de dónde venimos. Pero a pesar de todo esto, siempre ha habido gente que ha luchado por el cambio y por salvar la cultura. He tenido la oportunidad de conocer a grandes personas como el maestro Carlos Mutumbajoy y la maestra Doris Jajoy, fundaciones como Sol de los Andes y muchas personas que me han enseñado a ver y valorar las culturas indígenas y hoy trabajamos en equipo para transmitir la conciencia, dejando una pequeña semilla para nuestras próximas generaciones.»

Gracias a los jóvenes y al diálogo intergeneracional, y a líderes como Julián, podremos avanzar en la preservación de las tradiciones, las lenguas, la defensa de la biodiversidad y el fortalecimiento de la soberanía alimentaria de las regiones, a través de la valorización de los productos autóctonos.

Este artículo llega a nosotros gracias al trabajo de Claudia Milena Cepeda, actual Enlace Voluntario de para la red Slow Food de  pueblos indígenas en Colombia. La tarea de Claudia es acompañar a los líderes indígenas que quieren formar parte de Slow Food, promoviendo su interacción con todo el movimiento. Para Claudia, «pertenecer a la Comunidad Slow Food nos da la oportunidad de participar en proyectos de biodiversidad alimentaria, intercambiar buenas prácticas y relacionarnos con un movimiento global. Te hace ver la comida desde una perspectiva diferente.”

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